Pocos equipos tienen una tradición
mexicana tan arraigada como el de las Chivas rayadas del Guadalajara.
En su nacimiento hay huellas de Francia. Surge a raíz de la inquietud
deportiva de un grupo de jóvenes franceses, mexicanos y un belga
quien se instala en Guadalajara en 1904: Edgar Everaert tiene su
primer empleo en la casa comercial L. Gas y Cía., donde hace un
grupo de amigos al que pertenece Calixto Gas, acaudalado descendiente
de franceses, Max Voog, Gregorio Orozco y su hermano Rafael, quien
trabaja en Las Fábricas de Francia. Everaert extraña el futbol de
su natal Brujas. Motiva a sus amigos para jugarlo, junto con Augusto
y Calixto Teissier, Pedro, Pablo y Juan O'Kelard, Luis Pellat, Julio
Bidart, Ernesto Caire, Esteban y Francisco Palomera, Alfonso Cervantes,
Ramón Gómez Cruz y Ángel Bolumar, casi todos empleados de comercio.
Todas las mañanas, antes de ir a
trabajar, pelotean en los llanos de la colonia Moderna hasta que
un día de 1906, cuando Everaert los considera listos, les propone
formar un club. Lo llaman Unión en honor a la ubicación de su campo
de entrenamiento: la esquina de Unión y la avenida Bosque. El combinado
franco-tapatío, dirigido por un belga, diseña el uniforme con los
colores de la bandera de la mayoría francesa: azul, blanco y rojo.
Dispone las rayas rojas y blancas como las del equipo belga de Everaert,
y el deja al pantaloncillo el azul marino. La Unión resulta efímera.
En 1909 los mexicanos, inconformes con la hegemonía francesa, forman
su club. Según algunas crónicas, ellos le llaman Guadalajara. Según
otras, es Everaert quien sugiere el nombre, tras un viaje a Europa
en el que se da cuenta de que llamarse como su región motiva a los
equipos. Lo cierto es que consumada la separación, los jóvenes ponen
como condición de pertenencia el ser tapatíos, heredan el uniforme
e instalan su sede en casa de doña Nicolasa Sainz, viuda de Orozco,
abuela de Gregorio y Rafael Orozco. Otro miembro de la familia,
el tío Sabino, les facilita el terreno donde trazan su primera cancha,
conocida como Las Bases Chicas.
Con motivo del centenario de la
consumación de la independencia, a mediados de 1921, el gobierno
de Obregón, por iniciativa de Martín Luis Guzmán, incluye en el
programa un torneo de futbol en el que participaran equipos de todo
el país y que gana el Guadalajara. Las crónicas difieren sobre quién
le pone el mote de "Chivas Locas". Unas lo atribuyen al reportero
local Reynaldo Martín del Campo, otras al entrenador Javier de la
Torre. El apodo de "Chiva" deja pronto de ser un insulto y se transforma
en un motivo de orgullo.