Sigamos de la mano del francés Claude
Bataillon en su agotado libro "Espacios mexicanos contemporáneos"
(FCE, 1997) y en el recuerdo de las excelentes clases que daba en
la UNAM en la década de los sesenta. Con frecuencia platicaba del
campo. Le llamaba mucho la atención que los citadinos lo viéramos
desocupado, que no percibiéramos que en esas vastas zonas aparentemente
vacías hay infinidad de testimonios de la existencia de seres humanos
que las habitan: multiplicidad de veredas, ganado, algunas casa
en cuanto rellano o vallecito existe, las exiguas tierras aradas
y los bosques cada vez más mermados.
Sigue siendo vigente eso que afirmaba
entonces y recoge en su libro: en las villas, pueblitos con entre
5 mil y 15 mil habitantes, se observan ya algunos servicios: la
radio local, el médico y a veces el farmacéutico, el banco, sobre
todo si la emigración es importante; un mercado semanal bajo lonas
en regiones pobres, cotidiano y parcialmente cubierto en regiones
prósperas. Una ciudad mediana supera los cien mil habitantes. Si
es antigua se vincula con el clero y la administración. El obispado,
el seminario, un conjunto de conventos estructuran los barrios de
la ciudad colonial. En las zonas mineras de antaño, la profusión
en la arquitectura da testimonio de la riqueza -y de la piedad-
de los que encontraron y explotaron la plata (Guanajuato, Zacatecas).
Las ciudades medianas reflejan su
grado de modernización en supermercados, oficinas y estacionamientos
por pisos. La diferenciación de las colonias señala el dinamismo
del crecimiento. Para el nivel más alto, hay fraccionamientos de
residencias modernas con jardín, generalmente de más de un piso,
grandes garajes, rejas sólidas y estatuario de cemento, fachada
pintada de verde u ocre. Las clases medias asalariadas habitan multifamiliares
en donde se enfilan autos compactos que envejecen desde 1982: Volkswagen
y algunos Renault, o que se renuevan en los años de 1990 -japoneses
o estadounidenses-. Por último, está la variedad de las colonias
pobres, formadas por casas individuales de tabicón con techo de
lámina de asbesto, con autos de marca estadunidense, pesados y con
varios lustros de edad. El dinamismo de la ciudad mediana se mide
por sus empresas. En las entradas a las carreteras, hay multiplicidad
de oficios de mantenimiento, reparación y venta de vehículos. Son
especialmente importantes los medios de transporte y la estación
de autobuses. Cuando hago diagnósticos sociológicos en ellas, siempre
veo que los jóvenes sueñan con abordarlos en pos de aventura y mejor
nivel de vida.
Luz
Ma. Silva