El miércoles 28 de noviembre el
Club de Banqueros de México hizo una cata. Son famosas por su
calidad y por los descuentos que consiguen los asistentes en
la compra del producto. La de esa noche inició con un recital-explicación
del proceso del cognac. Fue conducida por el Brand Ambassador
Rémy Martin, Elliot Díaz Yepis, excelente expositor, que nos
hizo probar su producto y el de los competidores, nos explicó
cómo la tierra, determina la calidad de las uvas y cómo su mezcla
se resume en los productos de la región.
Para los asistentes resultó interesante
saber que un Fine Champagne Cognac lleva mezclas de uvas cultivadas
en las 3 regiones de tierra más adecuada de las 7 de la región
de Cognac, ubicada a 450 km. de París y 120 de Burdeos. El cognac
es un aguardiente. Tras de su destilación es un alcohol que
parece agua. Adquiere color en las barricas. La casa anfitriona
las hace de robles centenarios de la región del Limousin, cuyo
corazón transforma en duelas que calientes entran a presión
en un anillo, que se pegan con engrudo, sin clavos, y permanecen
muchos años en sus viejas bodegas de roca y piedra. Rémy Martin
es una empresa familiar, fundada en 1724 por Louis Rémy Martin.
Sus descendientes la conservan. Tienen distribuidores trasnacionales.
Venden en 168 países.
El Louis XIII es la bebida estrella
de Rémy Martin. Su botella de cristal de bacará se distingue
por su cuello de oro, su corona y unos picos colocados a lo
largo del canto en recuerdo de los maestros bodegueros fallecidos.
La primera, en el siglo 19, tuvo 14. La más reciente 20. Sus
maestros bodegueros son los encargados de las mezclas. Son tan
exactas que la computadora que las revisa siempre aprueba la
exactitud. Esa máquina y los burros que jalan las carretas donde
van las uvas en tiempo de cosecha (vendimia), son su tributo
a la tecnología. Ahí sólo importa la tradición, "la pasión de
la calidad es un arte" es parte de ella y su lema.
Varios hábitos nos impiden apreciar
el cognac en todo su esplendor. El calentarlo o mezclarlo con
Coca-Cola hace que se desaparezcan sus aromas de frutas y flores.
El no mover la copa con la delicadeza que demanda su precioso
contenido, como si quisiéramos mezclarlo, nos priva de descubrir
sus diferentes sabores y olores y el no fijarse en el brillo
nos impide escoger adecuadamente.