En cada espíritu
humano late un segundo
pulso vital; el de la aventura. Entre los grandes aventureros
están los pueblos conquistadores, ya sean europeos, asiáticos
o árabes. Ese pulso los llevó a salir de su rutina, a abandonar
a sus familias y a dejar amigos y su territorio. Ese pulso los
llevó a dejar de imaginar, para hacer reales los paisajes que
se adivinaban más allá del horizonte. Ellos fueron una especie
de aventureros que descubrieron otros mundos, otra cultura,
usos y costumbres que los llevaron desde el asombro hasta la
misma destrucción, como sucedería con antiguos pueblos como
el Azteca o el Inca. Ellos
se lanzaron al mar o más allá de sus montañas,
en la búsqueda de algo que calmara su necesidad de ver el más
allá de su universo.
Otra clase de aventureros son aquellos
que abandonaron su entorno, sin atravesar montañas o
mares, para adentrarse en mundos mucho más difíciles de descubrir,
inclusive de pensar en su existencia. Ellos dejaron su huella
intangible y el beneficio de sus descubrimientos a casi todo
el mundo entero. El francés Louis Pasteur, nació
el año de 1822, un 27 de diciembre en Dole (Jura) y es
uno de los más importantes "aventureros" de la ciencia,
y quien a través de su obra evolucionó y revolucionó la medicina
no sólo de su tiempo, sino que su paso por este mundo aún sigue
presente. Sobra decir que su obra más conocida es el
descubrimiento de la vacuna contra la rabia y el proceso por
el cual se eliminan gérmenes en líquidos como
la leche; la pasteurización.
Desde joven, Pasteur dedicó
su tiempo al estudio de la ciencia química y sus estudios
lo llevaron de una manera casi lógica o matemática
a ir de descubrimiento en descubrimiento. Uno tan importante
como el otro. En 1847 realiza trabajos referentes a la cristalografía
y establece que existe un paralelismo entre la forma exterior
de un cristal químico, su constitución molecular y su acción
sobre luz polarizada. Así, los cristales asimétricos
desvían la luz polarizada, mientras que los simétricos
no lo hacen. Con este trabajo formula una ley fundamental en
química: "solamente los productos origen de la vida son asimétricos,
debido a que en su elaboración conviven fuerzas cósmicas que
a su vez, son asimétricas" Este trabajo de Pasteur dio origen
a una nueva ciencia llamada Química del Espacio. En 1855, Pasteur
examina que un ácido había fermentado bajo los efectos de la
luz, por lo que su constitución molecular se disocia y la sustancia
antes inactiva deviene activa.
Si toda sustancia viva proviente
de la naturaleza, Pasteur concluye que la fermentación es obra
de la vida. Y aquí es en donde el espíritu de aventura lo adentra
a buscar en ese mundo de las sustancias que parecen muertas
pero que son capaces de fermentar bajo ciertas condiciones.
Así que se dedica al estudio de las fermentaciones en 1857 y
hasta 1862. Estudia con los fermentos de la leche y el alcohol,
y demuestra que toda fermentación se debe, en efecto, a la presencia
de un microorganismo. Así descubre que en un organismo
pueden convivir otros mucho más ínfimos e invisibles.
Por otra parte, su empeño lo lleva
a establecer igualmente que para estudiar una fermentación se
necesita preparar un cultivo apropiado y estéril, así como "sembrar"
el medio de cultivo con un poco de fermento en su estado puro.
Con estos estudios se origina también la técnica microbiológica
y Louis Pasteur se convierte prácticamente en biólogo, puesto
que encuentra el rol de los microorganismos y elabora su teoría
sobre los gérmenes, que pronto lo llevarían al origen de las
enfermedades y a sepultar casi para siempre, a la teoría del
origen espontáneo de la vida. Ahora, el siguiente paso de este
aventurero era descubrir el origen de los microorganismos, capaces
de provocar la fermentación de algunas sustancias.